Aproximadamente 30 personas Tagaeri y Taromenane fueron asesinados por madereros quienes usaron armas de fuego. Nunca se investigó el hecho. Estas muertes, no registradas, pero de las que mucho se habló en la zona, forman parte de los muchos muertos que no se pueden contar porque han quedado ocultos en la selva.
Se presentaron al menos una decena de denuncias en Fiscalía, todas relacionadas a la obtención, movilización y comercialización de madera en el Parque Nacional Yasuní muy cerca de la Zona Intangible. Algunas vinculadas a autoridades designadas por el Ministerio de Ambiente.
Nueve personas Waorani armados con dos escopetas, una pistola y varias lanzas atacaron una casa de pueblos indígenas en aislamiento y mataron aproximadamente a 21 personas entre hombres, mujeres, niños y niñas. Ese mismo día quemaron una casa abandonada de los pueblos indígenas en aislamiento. Esta matanza está relacionada a dos madereros de apellido Castillo y García quienes posiblemente facilitaron el armamento quienes a su vez contaron con la colaboración de la empresa petrolera Petrobell. A pesar de los cadáveres, El estado no inició las investigaciones fiscales, entre otros motivos, porque las “víctimas no tenían cedúla”.
Fue declarada la Zona Intangible Tagaeri y Taromenane (ZITT) con una extensión aproximada de 700 mil hectáreas, justamente en las zonas en donde todavía no había bloques petroleros y sin una delimitación exacta. En esta zona estaba prohibida las actividades extractivas.
Murieron lanceados el Arzobispo Católico Alejandro Labaka y la monja de la misión Laurita, Inés Arango por un intento desafortunado de contacto con un grupo indígena en aislamiento con el fin de evitar posibles encuentros letales con trabajadores petroleros que empezaron a invadir con militares su territorio. Se puede decir que el trabajo de Labaka se consideró el primer intento occidental por preservar el territorio de los pueblos indígenas en aislamiento.
El Instituto lingüístico de Verano (ILV) inició un proceso de evangelización de los de los pueblos indígenas que fueron considerados como “primitivos y salvajes”. Este proceso de contacto forzoso implicó que los clanes y familias Waorani que antes vivían en un territorio mayor a 2 mil km cuadrados, sea reducido a menos de 1 km cuadrado, el cual se denominó protectorado, en él cohabitaron familias en un estado de estrés, enfermedades y escacez de alimentos que ocasionó varios conflictos violentos.
El ILV, secuestró en la década de 1950 a una mujer Waorani de nombre Dayuma, de quien aprendieron el idioma y a partir de ello promovieron el contacto con los distintos clanes waoranis a través del ofrecimiento de comida.
El ILV promovió este contacto con el interés de abrir estos territorios a la extracción petrolera, muestra de ello es que se usaron aviones de la empresa TEXACO y avionetas del ejército ecuatoriano para promover el contacto.
En este tiempo ya existieron poblaciones de la Nacionalidad Waorani que huyeron y adentraron en la Selva. Hoy denominados Tagaeri y Taromenane.